Californication 2x04

Vía mail me avisan (¡gracias!) de que ya está disponible en descarga directa el cuarto episodio de la segunda temporada de ésta gloriosa serie. Aquí os lo dejo para vuestro disfrute:

Link al capítulo The Raw and The Cooked, y link a los subtítulos.

El antimilitarismo y sus contradicciones en la izquierda

Pocas cosas me resultan tan impostadas como un heredero del bolchevismo declarándose antimilitarista. Creo que los sectores mayoritarios de la izquierda radical viven una gran contradicción en materia militar: se dicen antimilitaristas a la vez que apoyan, por ejemplo, el uso ético de la violencia defensiva que harían las fuerzas armadas de un país que ha sido agredido por un interés imperialista, o el papel del ejército en la defensa de un país socialista contra el enemigo exterior.
Es decir, que esas personas no son realmente contrarias al ejército, sino al papel que juegan las fuerzas armadas en la defensa del sistema político hegemónico actual o, en definitiva, a lo que se oponen es al imperialismo y al capitalismo. A poco que se hurga se descubre que no ven al ejército como un mal en sí mismo.

Probablemente esta contradicción nace con la caída del bloque soviético y con la aceptación acrítica de postulados provenientes del pacifismo gandhiano por parte de los socialistas desencantados con las experiencias del que fuera llamado “socialismo real”.

El pacifismo gandhiano (“Dejen las armas, por cuanto éstas no van a servir para salvarles a ustedes ni a la humanidad. Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran…pero siempre rehúsen rendirles obediencia”) dejó de ser en occidente patrimonio casi exclusivo del movimiento hippie y fue adoptado por el discurso hacia fuera de los partidos de la izquierda radical como método de lavado de cara de los postulados relativos a la violencia, los cuales se consideró que habían quedado desfasados.

La reivindicación del desarme a gran escala y del uso defensivo de la fuerza armada (demandas propias de la vieja izquierda) fue sustituida por una "no violencia" muy poco concreta (difícilmente conciliable con los postulados la izquierda clásica).

Ahora que ya ha pasado el tiempo suficiente como para haber superado los complejos derivados del hundimiento del “campo soviético”, y al calor de la refundación teórica de la izquierda radical que parece estar dándose bajo la denominación de “socialismo del siglo XXI”, ¿no crees que deberíamos retomar una teoría del uso ético de la violencia y abandonar las contradicciones hipócritas en éste terreno? ¿o será que tenía razón el chaval ese de Nuevas Generaciones de Madrid que decía que los de izquierdas éramos, aunque fuésemos jóvenes, unos carcas? ¿me habré quedando antiguo? ¿tú que opinas?

Lo mejor de la semana en I Love IU

Ésta semana la selección vien de la mano de David Velilla, de "Maldice, que no es poco". Ale, ale, ¡sed buenos y buenas e id a echar un vistazo a su blog y a leer las entradas seleccionadas!

  • ¿Quo Vadis Chávez?

  • Nos roban y ni pestañeamos

  • Todo un derroche de responsabilidad

  • Un jurista que habla claro, si no lo veo no me lo creo

  • Fototerapia 15 (nacientes de Marco y Cordero - La Palma)

  • Los "Cuervos" de Rouco Varela

  • Cinco años sin Vázquez Montalbán

  • WIFI 1- Pobreza 0

  • 16 detenidos

  • Ruina por doquier

  • Y de regalo:

  • Openoffice 3.0 en castellano
  • La dificultad de ir contra el aparato de un partido

    Las democracias occidentales tienen un fuerte componente partitocrático. A pesar de que los partidos políticos se hayan configurado legalmente como un instrumento a través del cual ejercer la soberanía popular, la realidad es que el poder que se ha concentrado en los aparatos de los partidos es tan grande que ese imperio suele ser usado contra la propia democracia.

    Son excepcionales las ocasiones en las que a la dirección saliente de un partido no la sucede otra dirección promovida por la cúpula anterior. La explicación puede encontrarse en la marcada piramidalidad y en el colosal clientelarismo que existe en el seno de los partidos.

    Como estamos viendo ejemplarizado con el Congreso Nacional y los Congresos Regionales del PP (aunque es extensible a todos los grandes partidos), los procesos congresuales se desarrollan lejos de la acción directa de los militantes: los afiliados delegan todos los votos de sus asambleas en listas de compromisarios promovidas por las ejecutivas locales, cuya estabilidad depende en gran medida de las direcciones regionales, órganos en los que es muy complicado que lleguen a ocupar puestos de mando personas distintas a las impulsadas por la dirección nacional.

    Esta delegación en profesionales o en cuadros intermedios de la organización, facilita que se lleguen a arreglos entre “oficialistas” y “críticos”: bien en forma de una cuota de poder en la dirección, bien ofreciéndose respeto mutuo a los cortijos de cada uno, bien otorgándoles determinados cargos de confianza.

    Siguiendo con el ejemplo del Partido Popular, me parece digno de estudio sociológico que estos días en los que se acerca el Congreso asturiano del PP, me haya sido imposible encontrar a algún afiliado que apoye a Ovidio Sánchez (que lleva perdiendo en tres elecciones autonómicas consecutivas: 1999, 2003 y 2007). A pesar de eso todo apunta a la enésima reelección de la dirección saliente, que o bien volverá a llegar a un acuerdo con los críticos o bien se impondrá usando el famoso “quien se mueve no saldrá en la foto”, que es sinónimo de amenazar con enviar al ostracismo político a quien intente sin éxito derrocar al aparato actual.

    Cuando se logra que unos pocos cuadros intermedios críticos acepten lo que se les ofrece o se echen para atrás, el Congreso en cuestión ya está vencido por el aparato: los críticos restantes irán cayendo en efecto dominó, dudosos de sus propias fuerzas pues, aunque saben que son mayoría en las bases, intuyen que no podrán superar las barreras clientelares y no ser por tanto capaces de trasladar esa mayoría al Congreso.