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El coñazo de Gibraltar y la cuestión nacional

Una de las cosas que más me gustan de mis compañeros de la rojosfera es que tiendan a entrar poco al trapo de los temas de actualidad que no le importan a casi nadie pero que sin embargo copan las portadas de los periódicos y abren los telediarios. Esta semana tocaba el tema de Gibraltar. En los blogs cercanos apenas ha habido entradas sobre el asunto, y es que ante un tema tan chorras no hay mayor desprecio que no hacerle aprecio. En cambio en otros agregadores de bitácoras, como en el reaccionario Red Liberal, la visita de Moratinos al Peñón ha sido el mega-asunto.

Un compañero (que vive cerca de la zona donde al parecer ha acontecido una “traición histórica”) hablaba recientemente del “coñazo de Gibraltar”, señalando con toda la razón que lo que a él le parecía de relevancia es que en dicho lugar, gracias a su particular relación con la UE, se pasen sistemáticamente las normas comunitarias en materia medioambiental por el Arco del Triunfo.

Pero yo, que soy mucho más débil que el resto de mi allegados blogueros, no puedo resistirme a opinar sobre el trillado tema de Gibraltar:

Si seguís con alguna regularidad esta bitácora habréis leído en alguna ocasión que en materia de “cuestión nacional” me muevo bajo principios bastantes simples, adscribiéndome en este tema por completo a las tesis leninistas. Defiendo que desde la izquierda debemos subordinar el “sí” o “no” a la autodeterminación a los intereses de clase, planteando el asunto de una forma condicional.

Mi planteamiento teórico es coincidente con el de la derecha, la cual también toma sus posturas sobre la cuestión nacional atendiendo a los intereses de la clase a la que defienden, siendo así capaces de defender a los nacionalistas de Santa Cruz o el Kurdistán iraquí, a la vez que atacan los movimientos nacionalistas del País Vasco o el Kurdistán turco.

Sucede que la derecha tiene más fácil que yo el identificar cuáles son sus intereses de clase: todo el mundo sabe dónde está el dinero, por lo que a la derecha le es sencillo tomar una postura clara en casi todos los conflictos nacionales. Sin embargo saber con certeza qué es mejor para las mayorías es más complicado, con lo cual esos principios simples a los que me atengo acaban por tener una traslación práctica compleja: puede llevar algún tiempo el conocer, por ejemplo, la naturaleza de los movimientos nacionalistas de Osetia o Abjasia, o las implicaciones que podía tener la secesión de esos territorios (de hecho gracias a la sociedad de la desinformación selectiva en la que vivimos puede llegar incluso a ser casi imposible tomar postura a favor de unos, de otros o de ninguno).

En el caso de Gibraltar la prioridad debería ser acabar con el Peñón como paraíso fiscal. Lo peor que podría suceder sería que se perpetuase su régimen económico. Si Gibraltar llegase a ser un Estado, necesitaría subsistir como lo hacen el resto de microestados, a base de atraer miles de empresas mediante seducción fiscal. Es por eso que soy contrario a la constitución de un Gibraltar independiente, por entender que su viabilidad dependería del mantenimiento de su condición de paraíso fiscal. También soy contrario, por idénticas razones, a que continúe con su estatus especial actual dentro de la UE, que permite que hagan lo que hacen.

El que se integrara plenamente en Gran Bretaña o España haría que las disposiciones de los tratados de la Unión se aplicaran a Gibraltar. Eso sería lo más conveniente.

Dentro de esas dos opciones (plena integración en España o en Gran Bretaña) no tengo en principio preferencias. Si lográis que se reúnan Roman Abramovich, Amancio Ortega, Lakshmi Mittal y Emilio Botín para decantarse por una de ellas, a mi apuntadme a la contraria.

Santiago Alba Rico y el nacionalismo

En lo relativo a la cuestión nacional, “la derecha tiene razón”. Esto es lo que nos plantea, supongo que provocativamente, Santiago Alba Rico:

“La derecha tiene razón; comprende mucho mejor el carácter territorial de la lucha. Por eso, mientras condena los “nacionalismos”, no deja de alimentarlos selectivamente y utilizarlos a su favor. Mientras se pronuncia a favor del cosmopolitismo y contra las narrativas densas, sabe que la respuesta frente al nacionalismo debe obedecer a sus intereses económico-políticos. ¿Nacionalismos? Unos no y otros sí: el País Vasco no, Santa Cruz sí; Abjazia y Osetia no, Kosovo sí; el Kurdistán turco no, el Kurdistán iraquí sí; Palestina no, Eslovenia, Croacia, Bosnia, el Tibet... sí.

La izquierda debe hacer de derecho lo que la derecha hace de hecho. ¿Nacionalismos? Unos no y otros sí: depende del enemigo, los métodos y los objetivos.”

Aunque el desarrollo de su planteamiento es más que discutible, en la solución que propone al tema Santiago Alba no dice, en el fondo, nada muy diferente a lo que señalaba la teoría leninista clásica: subordinar el "sí" o "no" a la autodeterminación a los intereses de clase, plantear el asunto de una forma condicional.

El artículo de Alba Rico es jugoso (aunque puede ser un poco pedantillo), echadle el diente si tenéis unos minutillos.

¿Qué os parece?

¿Republicanismo como respuesta a la cuestión nacional?

Extraigo unas pocas líneas de una conversación que Jorge Verstrynge y Manuel Monereo comparten a raíz de la película “La Ola” en “El Viejo Topo” de este mes. El diálogo se puede leer entero pinchando aquí:

Jorge Verstrynge: El gran error de la izquierda en prácticamente todo el siglo XX ha sido pasar de la idea de nación (…)

Manolo Monereo: (…) La cuestión de fondo es: ¿Dónde hay un nacionalismo capaz de integrar las “naciones periféricas”? Pues en la España republicana, la España de Pi y Margall y de Azaña, que ha sido la gran herencia de la izquierda española. ¿Qué ha ocurrido? Que la izquierda no ha sido capaz de estar a la altura de su herencia. Algunos dirigentes, algunos personajes algo han dicho, pero no siempre han dicho la verdad. La verdad es que la otra opción de España entre el nacionalismo españolista y el nacionalismo periférico es el nacionalismo republicano. La nación republicana, que siempre ha sido en España federalista y nunca ha tenido problemas con la descentralización del poder, ha estado sometida a una pinza entre un nacionalismo y otro…

Jorge Verstrynge: Estoy totalmente de acuerdo con lo que estás diciendo. En Francia ¿qué es lo que une a alsacianos, que son prácticamente alemanes, con los corsos, bretones, normandos o gascones?: la Republique. La ciudadanía, el contrato con el estado.

Manolo Monereo: Pierre Bourdieu contaba que en Francia, cuando se gana la República después de 1789, los que hablaban francés eran sólo un tercio de la población. El francés se hace a través de la República. El problema de fondo en España y que nadie quiere admitir es que la construcción del Estado español obliga a una redefinición de poderes, y eso la Transición no fue capaz de verlo. Para superar el nacionalismo de Franco y sus herederos y el de las periferias hace falta construir una España republicana. Ese sigue siendo el debate prohibido en España (…)

¿Y vosotros qué pensáis? A mi me parece que tanto Verstrynge como Monereo hablan más desde el deseo que desde la convicción de que el cambio de monarquía por República pueda solucionar realmente el problema de la cuestión nacional en España.

No dudo de que las ansias de “huir de España” menguarían con un Estado que tuviera una forma más presentable…pero hasta que no se aborde sin complejos el tema de la autodeterminación, creo que no se soluciona nada. ¿Es eso compatible con el espíritu republicanista y federalista español? No creo que nadie de la izquierda debiera causarle ninguna contradicción: el abogar por el derecho a divorciarse no implica animar a la separación.

El proyecto actual de España está tan por los suelos que me parece que prácticamente todo el mundo podría llegar a un consenso en torno a tres ideas fundamentales, tres ideas que supondrían que casi todos cederían en algo para que todos ganásemos:

1) Simetría Federal (supresión de los privilegios forales, sistema tributario común, caja única y amplia descentralización)
2) Autodeterminación (a la quebequesa)
3) República.

Creo que en lo referente a la solución de la cuestión nacional el “1)” es prioritario, el “2)” necesario, y el “3)” sería la guinda del pastel.

¿Qué opinas tú?