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WWCFLD?

Hace un año que Carlos Fernández Liria subió a los altares de este blog por aquella mítica intervención en la Cadena Ser en la que, tras denunciar la implicación del grupo PRISA en el golpe de Estado de 2002 en Venezuela, fue sacado de antena.

Admito que antes de aquello sólo me sonaba su nombre. Después llegaron joyas como el libro “Educación para la Ciudadanía”, su papel de vanguardia en la lucha contra el Plan Bolonia (en los debates parecía el mismísimo Dr. House: ironía, mala leche y honestidad brutal), o uno de los artículos que más me han marcado, “Los diez mandamientos y el Siglo XXI”, y así pasó a ser uno de mis autores de culto.

Cuando me enteré de que en las pasadas europeas iba en la lista de Izquierda Anticapitalista casi echo una lagrimilla política. Pero pese a no compartir su afinidad con dicha organización, el haberse implicado activamente en su campaña electoral no deja de ser una muestra de que es un tipo que realmente toma partido, cosa que no abunda entre los intelectuales. Es decir, que incluso siendo yo de Izquierda Unida y él haber apoyado a otra organización que es un rival electoral de IU, mi admiración por él no sólo no disminuyó sino que incluso aumentó.

Los cristianos locuelos anglosajones llevan pulseran donde se lee “WWJD?” (“What Would Jesus Do?” – “¿Qué haría Jesús?”) para recordarles que a la hora de tomar una decisión, deben actuar como lo haría Jesús. La idea me parece tan genial que en este blog, a partir de ahora, sólo se permitirán pulseras que pongan “WWCFLD?” (“What Would Carlos Fernández Liria Do?”).

Así que tirad a la basura vuestras pulseritas tricolor, las esclavas de plata que vuestras parejas os regalaron para el aniversario, esas muñequeras hippies de cuero que os habéis comprado en la feria de vuestro pueblo...¡y a vestirse reglamentariamente para leer El Hijo Rojo!

El peligro real del socialismo del siglo XXI

Lo ha dicho nuestro ex-Presidente Jose María Aznar: hay que "hacer frente al peligro real del comunismo del siglo XXI" que se está extendiendo por toda América Latina. Realmente Aznar ya puso en su día de su parte para "hacer frente" a la amenaza socialista, apoyando el golpe de Estado en Venzuela de 2002 y siendo el primer país que, junto con EEUU, saludaba al gobierno de Carmona (contribuyendo a reforzar, más si cabe, la “ley incontrovertible de la democracia bajo condiciones capitalistas”).

Aquello le salió fatal: no sólo no derribó al legítimo gobierno venezolano sino que ese golpe fue una suerte de revulsivo para toda la zona: en el 2005 vencería Evo Morales y en el 2006 Correa.

En este caso creo que Aznar lleva toda la razón: el socialismo del siglo XXI es un peligro real y muy concreto para los intereses de los Aznares latinoamericanos y sus amigos: Carlos Slim, Gustavo Cisneros, Julio Santo Domingo, Álvaro Uribe…
Cualquier persona razonable con un mínimo sentido de la justicia debería simpatizar con un movimiento de las mayorías que pone en alerta a los Golfos Apandadores del siglo XXI.

En su conferencia en Harvard, Aznar dijo más cosas la mar de interesantes: a parte del anti-comunismo, señaló que hay que reforzar el anti-nacionalismo periférico y no renegar de los valores del cristianismo. Como señalaba uno de los comentaristas, siendo esos tres los ejes maestros de la política que Aznar propugna para el siglo que empieza, cuesta encontrar (a parte de 70 años de distancia) diferencias entre sus puntos fundamentales y los principios generales del bando franquista.

[Entrada relacionada en El Hijo Rojo: "Sobre moderados (comunistas) y extremistas (capitalistas)"

Comunismo: opción no tolerada

La Historia nos ha dejado claro que los comunistas no tienen derecho a ganar las elecciones. Está bien que existan partidos anticapitalistas, dan una imagen de pluralidad estupenda, pero que no se les ocurra ganar unas elecciones, o a esa victoria habrá de seguirle un golpe de Estado.

A pesar de que los observadores internacionales han encontrado limpias las elecciones moldavas en las que ha resultado vencedor el Partido Comunista (en puridad tampoco demasiado comunista, pero se conoce que lo suficiente para incomodar), a la oposición le parece que ha habido fraude y ha promovido unas manifestaciones violentas que han llegado incluso a saquear el Parlamento del país.

En un estupendo libro que ya cité por aquí, “Educación para la ciudadanía: Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho”, los autores no logran encontrar en toda la Historia del siglo XX ni un solo ejemplo de una victoria elector anticapitalista que no haya sido seguida de un golpe de Estado o de una interrupción violenta del orden democrático. Es decir, una lista que demuestra que los comunistas no tienen, por tanto, derecho a ganar las elecciones. He aquí algunos ejemplos que nos ofrecen de anticapitalismo (en ocasiones tan sólo una gota de anticapitalismo) que, por “la ley incontrovertible de la democracia bajo condiciones capitalistas” no se ha dejado ser:

España, 1936

Guatemala, 1944 (32 intentos de Golpe de Estado)

Guatemala, 1954

Indonesia, 1965 (Golpe de Estado del general Shuarto ante la posibilidad de victoria de los comunistas)

Brasil, 1961-1964 (bloqueo de tres años que concluiría en Golpe de Estado)

Chile, 1973

República Dominicana, 1963

Haití, 1990

Haití, 2000-2004 (bloqueo de todas las ayudas del Banco Interamericano de Desarrollo y de los créditos del FMI)

Colombia, el caso de la Unión Patriótica

Bolivia, 1980

Nicaragua, 1979-1990

Venezuela, 2002

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Sobre moderados (comunistas) y extremistas (capitalistas)

Una de las pocas cosas buenas que nos ha traído esta crisis es el poder ver quién está en posiciones políticas más fanáticas:

Mientras que un puñado de tipos y tipas mantienen unas reivindicaciones sumamente sensatas y razonables (como por ejemplo la nacionalización de la banca o la denuncia de un modelo productivo que nos está llevando a la barbarie), los hoolingans del sistema siguen en su línea integrista y extremista de defensa cerrada del capitalismo, llevando a cabo actuaciones (como la socialización de pérdidas de bancos y grandes empresas) que espero que en tiempos de nuestros nietos se haya avanzado un poco y sean consideradas crímenes contra la humanidad (si robar a un ciudadano es un crimen, robarnos a todos no puede ser considerado menos que crimen contra la humanidad).

En “Educación para la Ciudadanía: Capitalismo, Democracia y Estado de Derecho”, los autores ejemplifican el extremismo del sistema (y, en consecuencia, de sus defensores) con una anécdota muy visual: en una de las crisis por sobreproducción recientes, los ganaderos acabaron alimentando a sus vacas con mantequilla. La otra opción era tirar la mantequilla por la alcantarilla (el tirar la “sobreproducción” es algo muy frecuente), porque el colocarla en el mercado hubiera ido en perjuicio de intereses al hacer disminuir el precio. Así que decidieron actuar con inteligencia y aprovechar la mantequilla para algo productivo como alimentar a sus propias vacas con ella. El exceso de producción, de riqueza, como problema…y eso en un mundo en el que (aunque de tanto decirlo suena ya casi a tópico, pero no deja de ser una verdad muy incómoda) hay mucha mucha mucha peña muriéndose de hambre.

Vacas comiendo mantequilla: eso es el capitalismo. Sus defensores, por lo general, unos hoolingas extremistas. Sus detractores, por lo general, unos moderados del copón.