Hay que ser rastrero, asesino y malnacido para disparar a un “terrorista” que se escuda tras un civil sabiendo que con el disparo matarás también (o sólamente) al civil.
Cuando en las películas quieren mostrarnos a alguien como el malo más malo que puede existir, le retratan disparando a personas inocentes sólo para demostrarle al protagonista que él escrúpulos no tiene ninguno, y que si hace eso a inocentes, ya puede imaginarse el prota lo que es capaz de hacer con los que le fastidian los planes.
Aunque la excusa sionista fuera cierta (que no lo es), el ejército israelí se comportaría con más maldad que el malo más malo que el cine podría imaginar.