Así que allá va:
Cuando abrí El Hijo Rojo no me esperaba tener ni la mitad de la mita de las visitas. El antes y el después del blog lo marcó mi entrada en el agregador “I Love IU”, que permitió que mucha gente conociera la bitácora y así poder fidelizar lectores.
Instalé el contador de visitas Google Analytics el 27 de junio de este año, y hasta finales de agosto (momento en que comenzó una progresión tremenda de visitantes) estuve teniendo los días de actualización picos que iban de 60 a 80 usuarios únicos. Los días que no actualizaba entraban de 10 a 20 personas.
Nada comparado con lo que vino después: el blog comenzó a situarse bien en determinadas palabras clave y empezó a tener un buen puñado de lectores fijos. Lo que antes eran las “cumbres” pasaron a ser los “valles” de visitantes, y pasé a tener con cierta frecuencia días en los que superaba los 200 visitantes e incluso máximos de 300 y casi 400 visitantes.
Pero lo que más satisfacción me da es ver que la gente que entra en el blog es para leer algo, y no en plan “esto no es lo que buscaba, me piro ¡fiummm!”: El Hijo Rojo tiene un promedio de tiempo en el sitio de más de un minuto y medio (bastante más de lo que se tarda en leer una sola entrada -salvo las veces en las que me enrollo, que no son demasiadas, la mayoría de mis tonterías se leen en unos pocos segundos-).
El blog ha cumplido sobradamente su papel saciante del ego del autor: es como el “tuenti” o el “facebook” pero le ahorro a la peña el tener que ver mi jeto. A cambio les torturo con diatribas sobre marxismo, que encima vais vosotros ¡y os las leéis! Sois incorregibles, coño.
Gracias a todos por estar al otro lado leyendo esta página. Exceptuando los adolescentes que escriben en su diario secreto, la gente suele escribir cosas para que la lean, así que cumplís aquí un papel fundamental.
Ale, feliz cambio de año. No os olvidéis de llevar puesto algo nuevo, algo viejo, algo eléctrico, algo azul, y una estaca de plata. Eh…espera, creo que estoy mezclando lo de las bodas, el manual de autodefensa y las películas de vampiros. En fin, llevad lo que queráis, y si queréis no llevéis nada.
¡Salud!