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"Lo que vimos en Honduras"

Esta tarde (Jueves, 17 de Septiembre) habrá en Chamberí a las 7,30 un encuentro con dos miembros de la Misión Internacional de Derecho Humanos en Honduras (Enrique Santiago y Mauricio Valiente).

Tras el acto, el moderador del mismo invitará a cañas a los asistentes que más le hagan la pelota. Así que si estás en Madrid, como le sucede a un servidor, tienes que ir: porque aunque quizá no te interese demasiado lo de Honduras...¡¿a quién no le interesa la cerveza, eh?!

C/ Gonzalo de Córdoba 22, junto a la Plaza de Olavide, metros Bilbao o Quevedo. Allí nos vemos.

A propósito del nuevo sueldo de A Sueldo de Moscú

“LaRepública.es” progresa adecuadamente en su camino de convertirse en el “Libertad Digital” de la izquierda.

No muy atrás quedó el vergonzoso episodio “periodístico” del “golpe de mano en Unidad Cívica por la República”, artículo al que muy justamente se calificó de tener un "estilo estalinista, sumario e inquisitorial, impropio de demócratas y de gentes de izquierdas". Dicha “noticia” finalizó con un intento auto-absolutorio por parte de Javier Parra.

De aquellas maneras de hacer “periodismo” viene el episodio de hoy:

El antecedente es una entrada en el blog de Ricardo Royo-Villanova (un bloguero sin cargo en organización política alguna, cuya bitácora es de carácter personal y sus opiniones particulares, que no pretende hacer información –vaya, lo que viene siendo un humano con blog “de los de toda la vida”-). Allí Ricardo insinuaba a sus lectores que tras la caída del blog “Generación Y” podría estar el gobierno cubano.

Ricardo se equivocaba …y el losantismo entró en acción: en el “periódico libre para una ciudadanía informada” Ivan I. Arrieta se marca un “artículo” donde en unas treinta líneas logra combinar el mal gusto, las acusaciones insidiosas y el chismorreo más cutre.

Don Ricardo responde en su blog. Os animo a que si ibais a comentar aquí lo hagáis allí.

Juego de cartas coleccionables de políticos


Aún tengo que depurar la idea pero creo que estoy en la vía del éxito. Aquí os ofrezco unos bocetos del que puede ser o mi enésimo fracaso en el intento de ganarme la vida con chorradas, o mi pasaporte a la gloria. Se trata de un juego de cartas coleccionables de políticos, al estilo Magic o Yu-Gi-Oh.

Las posibilidades son casi infinitas. El jugador podrá confeccionar el mazo a su gusto: desde un mazo de la izquierda mundial (con las cartas como la de Chávez, Cayo Lara o la de Oskar Lafontaine), hasta otro de gestores del liberalismo económico (con Paulson, Rato o Wolfgang Clement).

Podría haber cartas especiales de eventos políticos concretos, como una serie de cartas limitadas de las elecciones vascas (os muestro un borrador de la de Madrazo y la de Basagoiti –no os pongo la de Ibarretxe o Patxi López porque esas serán las cartas más difíciles de encontrar, como pasaba con Gica Hagi en los cromos de fútbol de la época-).

Seguramente con el tiempo se consolidaría entre los jugadores un mercado de cartas raras, como la de Enrique Santiago o la de Pérez Roque.

¿No apetece echarse una partidita?

Necesito inversores. No descarto una estafa piramidal tipo Madoff.

La dificultad de ir contra el aparato de un partido

Las democracias occidentales tienen un fuerte componente partitocrático. A pesar de que los partidos políticos se hayan configurado legalmente como un instrumento a través del cual ejercer la soberanía popular, la realidad es que el poder que se ha concentrado en los aparatos de los partidos es tan grande que ese imperio suele ser usado contra la propia democracia.

Son excepcionales las ocasiones en las que a la dirección saliente de un partido no la sucede otra dirección promovida por la cúpula anterior. La explicación puede encontrarse en la marcada piramidalidad y en el colosal clientelarismo que existe en el seno de los partidos.

Como estamos viendo ejemplarizado con el Congreso Nacional y los Congresos Regionales del PP (aunque es extensible a todos los grandes partidos), los procesos congresuales se desarrollan lejos de la acción directa de los militantes: los afiliados delegan todos los votos de sus asambleas en listas de compromisarios promovidas por las ejecutivas locales, cuya estabilidad depende en gran medida de las direcciones regionales, órganos en los que es muy complicado que lleguen a ocupar puestos de mando personas distintas a las impulsadas por la dirección nacional.

Esta delegación en profesionales o en cuadros intermedios de la organización, facilita que se lleguen a arreglos entre “oficialistas” y “críticos”: bien en forma de una cuota de poder en la dirección, bien ofreciéndose respeto mutuo a los cortijos de cada uno, bien otorgándoles determinados cargos de confianza.

Siguiendo con el ejemplo del Partido Popular, me parece digno de estudio sociológico que estos días en los que se acerca el Congreso asturiano del PP, me haya sido imposible encontrar a algún afiliado que apoye a Ovidio Sánchez (que lleva perdiendo en tres elecciones autonómicas consecutivas: 1999, 2003 y 2007). A pesar de eso todo apunta a la enésima reelección de la dirección saliente, que o bien volverá a llegar a un acuerdo con los críticos o bien se impondrá usando el famoso “quien se mueve no saldrá en la foto”, que es sinónimo de amenazar con enviar al ostracismo político a quien intente sin éxito derrocar al aparato actual.

Cuando se logra que unos pocos cuadros intermedios críticos acepten lo que se les ofrece o se echen para atrás, el Congreso en cuestión ya está vencido por el aparato: los críticos restantes irán cayendo en efecto dominó, dudosos de sus propias fuerzas pues, aunque saben que son mayoría en las bases, intuyen que no podrán superar las barreras clientelares y no ser por tanto capaces de trasladar esa mayoría al Congreso.