Aunque el “Foro Español de la Familia” organiza frecuentemente manifestaciones bastante multitudinarias, no reciben el trato por los medios de comunicación de “antisistema”: a pesar de que el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo es parte del sistema, mostrarse contrario a ello no es (a tenor del uso que dan los medios de comunicación a la palabra “antisistema”) pasar a estar contra el sistema.
Tampoco podemos concluir que el uso de la violencia por los manifestantes marca la línea entre una manifestación “antisistema” y otra que no lo es: las manifestaciones a favor del derecho a techo o contra el Plan Bolonia son abrumadoramente pacíficas y, sin embargo, se caracterizó desde un inicio a sus protagonistas como “jóvenes antisistema”.
Deberíamos deducir que ser considerado o no “antisistema” tiene que ver con lo esencial para el sistema que sea el objeto de la protesta.
A la vista de los acontecimientos, el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo no parecen formar parte del acervo esencial del sistema según el criterio de los medios de

comunicación (de lo contrario el “Foro Español de la Familia” sería considerado un grupo antisistema). A la luz de esto, si se eliminara cualquier derecho al aborto o se derogara la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, como pretenden organizaciones como el “Foro Español de la Familia”, lo que se considera “sistema” por los medios seguiría existiendo esencialmente igual que lo es actualmente.
No parece ser así en el caso del Plan Bolonia: oponerse a él equivale a ser considerado un “antisistema”. Tiendo a pensar que para los medios de comunicación y quienes los poseen, el Plan Bolonia es algo esencialmente ligado al modo actualmente predominante de producir, consumir y vivir (mucho más ligado de lo que lo están temas tan importantes como el derecho al aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo).
Sucedía lo mismo con las plataformas por el derecho a la vivienda: el movimiento en sí, cuya única consigna era convertir en realidad un derecho consagrado en la Constitución, era antisistema. Encontramos aquí otro tema que, para los medios de comunicación, está esencialmente ligado al sistema en el que vivimos: que la primera vivienda fuera un derecho y un bien libre de especulación trastocaría tanto el sistema realmente existente que reivindicarlo es ser un antisistema.
Se me ocurre que ser o no ser considerado “antisistema” tiene algunas importantes implicaciones prácticas: las reivindicaciones no “antisistema” son objeto de especial protección (como afirmación del derecho a la libertad de expresión y manifestación) y sus pretensiones se ponen fácilmente a debate entre los políticos; por el contrario, quienes son considerados “antisistema” pueden ser reprimidos violentamente y sus reivindicaciones pueden no ser tenidas en cuenta independientemente de la cantidad de gente que detrás de ellas las sustente.