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Eurocomunismo y Programa

Ha venido a verme un colega a casa y me ha encontrado tirado en el suelo, llorando desconsoladamente, maldiciendo en klingon y arrancándome los pelos de la barba.“¿Qué te pasa?” me preguntó mientras me inyectaba en vena algunos gramos de diazepam.“¡Pues que Rafa Hortaleza me ha hecho mucha pupa!”, le contesté. Y es que mirad lo que ha dicho, a propósito de Carrillo:

Tengo en la estantería su libro "Eurocomunismo y estado" (1977) […] y lo sigo encontrando plenamente vigente. ¿El PCE necesita un manifiesto programa? Yo fotocopiaría ese libro y lo repartiría entre la militancia quitando alguna cosa aquí y allá. A veces ojeo algún capítulo y me sorprendo al ver lo que se parece al programa de Izquierda Unida.

Esas líneas me han dejado tan dolido que no puedo entrar a considerar la figura de Carrillo por parecerme un tema secundario al lado de esto. ¡Qué hiriente puede llegar a ser Rafa cuando se lo propone! Voy a contestarle al tiempo que me voy tomando un vaso de haloperidol con benzodiazepina (mezclado, no agitado) para ver si me tranquilizo.

Al Eurocomunismo puedo concederle, como hacía el camarada Sacristán, tres aciertos: una crítica sana a los errores de la tradición comunista, una voluntad de analizar las novedades de la estructura social, y una percepción acertada de la difícil viabilidad de un horizonte revolucionario cercano en esta Europa en la que vivimos.

Y, junto a eso, tiene el Eurocomunismo un vicio gigantesco que da al traste con los aciertos que pudiera tener: la liquidación de la naturaleza revolucionaria de los comunistas, la conversión de éstos en socialdemócratas.

Ya que no vamos a lograr que la gente salga en masa a plantar unas barricadas en la Gran Vía madrileña, ya que la revolución es aquí y ahora algo que se presenta como irrealizable, el Eurocomunismo opta por orientar la labor de los comunistas hacia una lucha parlamentaria en la que lograríamos ser hegemónicos.

La desmantelación del Partido Comunista de España como organización de cuadros y sectorializada hacia una estructura “de masas” organizada electoralmente no es algo que surgió de la nada: es parte esencial de la teoría eurocomunista, se infiere directamente de su doctrina.

El Eurocomunismo no plantea ninguna “vía al socialismo”: es una justificación de la conversión de organizaciones de naturaleza revolucionaria en organizaciones electoralistas.

Se da la ironía de que la organización a la que Rafa alaba en su entrada, el Partido Comunista de Portugal, es un Partido que no sufrió el Eurocomunismo, y que por tanto nunca llegó a aceptar resignadamente el limitar su lucha al juego parlamentario. El Eurocomunismo disfraza esa resignación de “vía gradual al socialismo”. Por eso no puede servirnos como “Manifiesto-Programa”: porque no propone nada, se limita a justificar la actuación posibilista en estos tiempos difíciles en los que vivimos.

El Eurocomunismo es una teoría mentirosa: dice tener un plan cuando en realidad no tiene ninguno. No es honesta. Así fue que en 1982 nos pegamos tal hostiazo en las elecciones que el Eurocomunismo quedó herido de muerte: supuestamente íbamos a cambiar el mundo desde las instituciones de las democracias occidentales, íbamos a evitar el choque directo, íbamos a dirigirnos “en paz y libertad” gradualmente al socialismo, íbamos a logar la hegemonía desde el Parlamento…y resulta que nuestro gran plan cosecha el 4,02% de los votos. El plan no era tal plan.

El PCP fue fiel a lo mejor de la tradición comunista: trabajar desde el Parlamento, pero siendo conscientes de que no es desde ahí desde donde lograremos la hegemonía social. Que no podamos hacer ahora grandes cosas no significa que tengamos que convertirnos en lo que no somos, como pretende el Eurocomunismo. En ese error nunca cayó el PCP, de ahí que disfruten de una organización fuerte a pesar de la debilidad generalizada de la izquierda en Europa.

No creo que el Eurocomunismo se parezca al programa de Izquierda Unida: nuestro programa no miente, el Eurocomunismo sí. No pretendemos engañar a nadie: queremos llegar al socialismo, pero no disfrazamos nuestra debilidad presente de “plan para una transición gradual al socialismo” como lo hacía el Eurocomunismo.

Pretendemos que nuestra práctica cotidiana sea lo más útil posible a la sociedad con las escasas fuerzas que disponemos; pero no nos hacemos trampas al solitario, ni creo que se las hagamos a los demás; desde Carrillo nadie ha intentado vender la moto de que ésta era la senda que nos llevaría hacia la hegemonía: admitimos que la receta no la tenemos.

En IU somos infinitamente más humildes y más sinceros de lo que lo era el Eurocomunismo. Y seguramente ahí estará nuestra salvación: creo que hay un gran número de personas en IU que somos conscientes de que por ésta vía no lograremos mucho más, que hay que explorar otros caminos, que algo nuevo tendremos que hacer. La honestidad es lo que diferencia al programa de IU de la teoría Eurocomunista.

En resumen, querido Rafa, eso es lo que ha supuesto el Eurocomunismo: tres aciertos con los que no hemos logrado avanzar gran cosa, y un error tan grave que sigue amenazando con liquidarnos.

[Entradas relacionadas: "PCE: Presente, pasado y futuro" de Ceronegativo , "Hablemos de cerosalaizquierda, elhijorojo y Carrillo" de A bloguear, a bloguear]

Entradas que deberías haber leído, por Rafa

Rafa ha vuelto a retomar esa sana costumbre que teníamos algunos blogueros de la rojosfera de seleccionar las entradas que a su juicio eran las más destacadas de la semana. Así que ya puedes ir a su blog a ver qué nos cuenta sobre lo que han escrito Ceronegativo, Ventanas, Kike, Juan, Lucien, Angels , un menda, Hugo, JavierM, Paco, Mileurismo o Asier.

Trayectorias

Me ha parecido tremendamente entrañable la entrada en la que Rafa describía sus creencias políticas infantiles. Él, nacido en 1974 en una familia de comunistas, creía en que “nosotros vivíamos en un país en el 'Mundo Capitalista' pero no importaba, existía una 'retaguardia' ahí donde los trabajadores eran libres y felices. Podía alegrarme en las olimpiadas por los éxitos de la URSS o de la RDA como si fueran propios. Maldecía las pruebas nucleares 'yankis' en Nevada y albergaba una secreta satisfacción cuando la URSS respondía detonando una bomba nuclear en Kazajstán”.

Pero no la considero sólo una entrada entrañable, sino en cierto modo incluso necesaria. Me explicaré: no sé si a vosotros también os sucede, pero a mi me desagrada leer artículos o libros donde se reflexionan sobre asuntos con relevancia política cuando desconozco el “palo ideológico” del autor. En ocasiones me basta con conocer la línea general del medio que lo publica, pero en otros casos donde esto no es posible he de esperar hasta el quinto párrafo del artículo o hasta la página 70 del libro para “pillar” en algún renuncio al autor políticamente no confeso y así poder calarle. Eso me desespera, y por ello es habitual que busque en Internet referencias sobre el sujeto.

Me encantaría que todos los escritos sobre asuntos donde la posición política del autor fuera relevante (es decir, excluiría por ejemplo de este requisito a los tratados puramente científicos) ésta quedara plasmada a modo de introducción. Y, ya puestos a entrar en cómo me gustaría que fueran las cosas, tampoco vería mal una pequeña reseña sobre cómo el autor llegó en su trayectoria vital a esas posiciones que ahora mantiene.

Siempre me han resultado atractivas e ilustrativas las manifestaciones sobre las evoluciones en las ideas políticas de las personas, y no creo que sea sólo por ánimo cotilleante, sino porque tiene cierta relevancia: al igual que para estudiar correctamente el presente de una comunidad se estudia su pasado, de igual manera para captar en todo su sentido las ideas políticas de un humano estaría bien ver de dónde viene y a dónde ha llegado.

Así que como este blog sirve fundamentalmente para rendir tributo a la insaciable autoestima de su autor (bueno, para eso y para controlar remotamente vuestras mentes, objetivo al que me acerco cada día más) seguramente mañana me arranque con un poco de egoblogging sobre cómo caí en el Lado Oscuro de la Fuerza, uséase, en esa cosa que llamamos comunismo.

PD.: si sois tan amables, os suplicaría que los comentarios de hoy tuviesen la forma de poemas Haiku (compuestos por tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente) para demostrar que los que por aquí habitamos somos al menos igual de listos que Federico, que ha publicado un libro entero con estas chorraditas. Ejemplo: “Tu blog apesta/ me interesa una mierda/ no volveré más”.

Sobre el uniforme escolar

Siento como si hiciera eones que no replico la entrada de algún compañero en mi blog. La última vez creo que fue a Alberto Garzón a propósito del uso del 2.0 para la movilización política. Y, como no se pueden perder las buenas costumbres, hoy interactúo con Ceros a la Izquierda (también habla de ello Ceronegativo), porque ha escrito una interesante entrada sobre su oposición a los uniformes en las escuelas públicas a la que me gustaría objetar algunas cosas. No esperéis una super carga ideológica en mi réplica, será tremendamente mundana.

Leed primero su entrada pinchado aquí [musiquilla de espera: "güelcom tu de yanguel, güi got fan and gueims, güi got ebrizin llu güont…"], ¿ya? Bien, pues al ajo:

De los argumentos que esgrime la AMPA sólo uno me parece salvable: el del coste. Por regla general comprar un par de uniformes es mucho más barato que comprar la ropa para vestir al niño o a la niña para todo el curso escolar. Es verdad que un padre puede comprar ropa barata a su hijo, y que no vistiéndolo de marca no le vas a causar ningún trauma ni a perjudicar su socialización, pero el uniforme suele ser más barato que incluso la ropa más barata. Aunque los uniformes son como los puñetazos, la regla general es que se componga de una camisa sencilla, un pantalón y un jersey que suelen ser bastante económicos, con el añadido de que con dos de cada el niño tira todo el año.

Este argumento del precio es determinante para la mayoría de las familias. No me extrañaría que detrás de los promotores estuviera la intención de emular a la escuela privada, pero creo que para la mayoría de padres en los que la iniciativa puede encontrar apoyos lo que les importa es el coste.

Dice Rafa que “por su propio concepto reduce la individualidad y la libertad del individuo ya que no puede elegir autónomamente la forma en la que va vestido”. En general el niño tiene poco espacio para elegir cómo va vestido: en la mayoría de los casos es la situación económica de sus progenitores la que determina cómo irá vestido el chaval. Si el niño siente mermada su personalidad o su individualidad por el uso de un uniforme es que tenía poca personalidad o muy mal desarrollada su individualidad.

Creo que el uniforme a la “individualidad” ni le quita ni le pone, la deja como estaba. Igual que ni quita ni pone “disciplina”, o ni quita ni pone “atención en clase”.

Personalmente no encuentro ningún argumento sólido contra el uso del uniforme (aunque soy consciente de que la “carga de la prueba” está en el lado de quienes quieren implantarlo: es a ellos a los que les corresponde demostrar sus beneficios, y no a la inversa) y sí uno a favor de él: su precio.

Dicho esto, considero que la decisión de poner el uniforme en un colegio no debería ser tomada unilateralmente por la Administración, creo que es una decisión que está bien que quede en manos de los progenitores: en España no existe una situación homologable, por ejemplo, a la de Cuba, donde el uniforme cumple una función social importantísima al ser garante de que todos los niños y las niñas vayan dignamente vestidos a clase.