Leed primero su entrada pinchado aquí [musiquilla de espera: "güelcom tu de yanguel, güi got fan and gueims, güi got ebrizin llu güont…"], ¿ya? Bien, pues al ajo:
De los argumentos que esgrime la AMPA sólo uno me parece salvable: el del coste. Por regla general comprar un par de uniformes es mucho más barato que comprar la ropa para vestir al niño o a la niña para todo el curso escolar. Es verdad que un padre puede comprar ropa barata a su hijo, y que no vistiéndolo de marca no le vas a causar ningún trauma ni a perjudicar su socialización, pero el uniforme suele ser más barato que incluso la ropa más barata. Aunque los uniformes son como los puñetazos, la regla general es que se componga de una camisa sencilla, un pantalón y un jersey que suelen ser bastante económicos, con el añadido de que con dos de cada el niño tira todo el año.
Dice Rafa que “por su propio concepto reduce la individualidad y la libertad del individuo ya que no puede elegir autónomamente la forma en la que va vestido”. En general el niño tiene poco espacio para elegir cómo va vestido: en la mayoría de los casos es la situación económica de sus progenitores la que determina cómo irá vestido el chaval. Si el niño siente mermada su personalidad o su individualidad por el uso de un uniforme es que tenía poca personalidad o muy mal desarrollada su individualidad.
Creo que el uniforme a la “individualidad” ni le quita ni le pone, la deja como estaba. Igual que ni quita ni pone “disciplina”, o ni quita ni pone “atención en clase”.
Personalmente no encuentro ningún argumento sólido contra el uso del uniforme (aunque soy consciente de que la “carga de la prueba” está en el lado de quienes quieren implantarlo: es a ellos a los que les corresponde demostrar sus beneficios, y no a la inversa) y sí uno a favor de él: su precio.
Dicho esto, considero que la decisión de poner el uniforme en un colegio no debería ser tomada unilateralmente por la Administración, creo que es una decisión que está bien que quede en manos de los progenitores: en España no existe una situación homologable, por ejemplo, a la de Cuba, donde el uniforme cumple una función social importantísima al ser garante de que todos los niños y las niñas vayan dignamente vestidos a clase.