Samanta Villar necesitó de “21 días fumando porros” en Cuatro para, tras ofrecernos un rato de la televisión más amarilla de la historia, llegar a los lugares comunes más previsibles, moralistas y estúpidos.
Vayamos por partes:
1.- Al igual que beber alcohol no significa estar todo el día pedo tomando cubatas, fumar cannabis no es en nada parecido a pasarse el día entero bajo un colocón permanente. El título del programa debería haber sido, en todo caso, “21 días excediéndome con una droga”. Por cierto, si hubiera querido ponerse ciega con algo espectacular y morboso debería haber tirado mano del alcohol, la única droga de la que se puede asegurar que su mono agudo (“delírium tremens”) puede matar.
2.- Si Samanta Villar (persona con ningún contacto anterior con el cannabis) hubiera llevado realmente a cabo el brutal exceso que supuestamente ha realizado, sus síntomas serían bastante distintos (y peores) al cuadro tipo “How High” que tiene la “periodista”. Samanta Villar finge. Me sumo a quienes estiman que la "periodista" habrá fumado unos diez porros en todo lo que dura el programa.
3.- El documental no es un documental, responde a un guión preestablecido, el punto de vista antiprohicionista es omitido, es anticientífico a más no poder y, según leo en la web de la FAC, algunas entrevistas interesantes pero contrarias a las conclusiones previsibles y moralistas han sido borradas, además de que el orden cronológico en el que sucedieron los hechos del supuesto documental está alterado.
4.- Estoy casi seguro de que si el genial Antonio Escohotado hubiera sabido que el programa iba a ser esto, a Samanta Villar no le habría ni contestado al telefonillo.
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