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Chomsky, sobre el anarquismo

Si Chomsky no existiera habría que inventarlo. Creo que realiza una labor didáctica fundamental en la difusión de los mecanismos que el sistema utiliza para conservar el control, derribando mitos y destapando los velos que nos permite ver en toda su crudeza de qué va el capitalismo y el imperialismo.

Hace ya algunos meses leí el libro “Sobre el anarquismo”, una obra que recopila una serie de entrevistas que le hacen al lingüista americano. Soy muy aficionado al género de las entrevistas, porque se suele transmitir de forma clara y breve los pensamientos del entrevistado. Una entrevista de un par de hojas suele ser más ilustrativa que dos volúmenes de divagaciones. El libro es entretenido y Chomsky está muy lúcido, si tenéis la oportunidad de que alguien os lo preste, no dudéis en leerlo. Si alguno de los habituales del blog quiere que se lo deje, que me mande un mail y se lo envío por correo (¡pero con vuelta, ¿eh?!).

Con Chomsky tengo grandes diferencias, algunas de carácter teórico más general y otras más prácticas y mundanas. Entre las primeras se encuentra su crítica al marxismo, que creo que es injusta, atribuyéndole Chomsky a la doctrina marxista y leninista pecados que son más propios de las partes más aberrantes del mal llamado “socialismo real” que fallos inherentes al marxismo; y entre la segunda, por estar de lamentable actualidad, su postura favorable a la solución de los dos Estados para el conflicto palestino-israelí, mientras que yo me inclino por la del Estado único.

También con Chomsky tengo grandes afinidades, entre ellas su visión sobre el Estado y su extinción, ya que la de Chomsky es una postura fundamentalmente marxista, en contraposición a la que mantiene el anarquismo clásico sobre su destrucción. Supongo que son este tipo de “concesiones no confesadas” al ideario marxista las que le hacen ser “non grato” para buena parte de los anarquistas (situaría a Chomsky cerca de Pannekoek o de Luxemburgo).

Y tú que opinas, ¿te gusta Chomsky o te parece el enchufadillo no peligroso que el poder tiene para que parezca que es un sistema muy plural y libre? ¿Compartes sus posturas o disientes de él? Ale, ale, suéltate y comenta.

Lenin y el socialismo del Siglo XXI

Hace algunos días nos enviaron un correo a los miembros de la blogosfera de IU en el que nos invitaban a que, con motivo del 85 aniversario de la muerte de Lenin, dedicáramos unas palabras sobre el revolucionario ruso.

Creo que en los comunistas se cumple bien aquello de que somos enanos de pie sobre hombros de gigantes. Si somos capaces de ver de lejos, es gracias a quienes nos precedieron y nos sostienen.

Uno de esos gigantes, posiblemente el mayor junto con Marx y Engels, es Lenin.

Su aportación teórica al comunismo es enorme, y además fue uno de los protagonistas más destacadas de uno de los hitos históricos más importantes para los de abajo, la Revolución de Octubre. Lenin es odiado por los de arriba porque demostró que los trabajadores, ellos solos, pueden tomar el poder; que es posible mover lo que hasta entonces parecía inamovible, que podemos construir un camino hacia un mundo mejor.

En esos días que estremecieron al mundo, los bolcheviques derrocharon tesón, capacidad organizativa, mucha imaginación y mucha capacidad de improvisación. Así lo afirmó el propio Lenin ante la delegación de los comunistas de todo el planeta: “en nuestra revolución no avanzamos por el camino de la teoría, sino por el de la práctica”.

Lenin era implacable en sus debates, apenas hacía concesiones y su tono era severo. Destrozaba a sus oponentes y casi parecía que les ridiculizaba, incluido a personas que tenía en alta estima, como Rosa Luxemburg. Sus fuertes convicciones unidas a esa manera clara de expresarse, constituyeron una guía que miles de comunistas alrededor de todo el mundo tomaron como manual para intentar trasladar la victoriosa experiencia de la Revolución de Octubre a sus respectivos países…no por una fe irracional en la doctrina de una suerte de “santo varón”, sino por un ejercicio de racionalidad: lo que había funcionado en Rusia, podría funcionar allí…

Y pasó el tiempo, y cada vez tomar el poder requería de un ejercicio que difería más y más de la forma en que los rusos llegaron a situarse en posición de asaltar el Palacio de Invierno. Muchos de los que lo habían tomado como un texto sagrado, frustrados, renegaron de él. Pero la fuerza de las palabras de Lenin es tan fuerte que, en cada generación, volvían a recurrir a él quienes buscaban la forma de emancipar a los de abajo.

Hoy sigue habiendo quienes reivindican la vigencia absoluta de su obra a la manera en que se reivindican las verdades de un profeta. Otros lo han abandonado por completo.

Hay también quienes, reclamándonos políticamente como hijos de Lenin y del resto de gigantes, intentamos (con alguna fortuna en ocasiones, con nulo acierto en otras, y, por qué no decirlo, con un éxito escaso en general) rescatar el valioso acervo teórico y práctico que nos legó y, tratando de interpretarlo a la luz de nuestros días, organizar la revolución del siglo XXI.

El socialismo se presenta ante nuestros ojos como un fenómeno terco. Cuando lo tumban en París se levanta en Petrogrado, y al caer allí resurge velozmente en Venezuela.

Estoy convencido de que hay una línea que une en la historia, como se unen los puntos en un cuadernillo infantil, a Espartaco, Robespierre, Lenin y Chávez. Y, al examinar con microscopio ese punto, puedes ver que dentro están inscritos los nombres de miles de personas que caminaron junto a ellos dejándonos este legado sobre el que nos asomamos. Se hace así casi obligado que, al recordar a Lenin, recordemos también a los miles de revolucionarios que nos dejaron su ejemplo comunista, con sus grandes errores (que intentaremos no repetir) y sus maravillosos aciertos (que intentaremos emular).

Subido a los hombres de ese gigante, que se compone de miles de gigantes anónimos, me atrevo a mirar a lo lejos y decir que, seguro, mañana la luz será para los más.

* * *

También han escrito, y muy bien, sobre la efeméride:

Ceronegativo: Lenin
Pedro Manuel Herrera (La Fantasía del Supersaltamontes): Mi homenaje a Lenin, continuar su lucha
R. Hortaleza (Ceros a la Izquerda) : Lenin, un homenaje en el 85 aniversario de su muerte
Oscar Yurrita (Malvenido a Gori): Lenin… ¡Presente!
Ricardo Royo-Villanova (A Sueldo de Moscú): En el 85 aniversario de la muerte de Lenin
Ventanas del Falcón: ¿Lenin? sí, pero…
Felix Díez Romer (Desde Las Trincheras) : Comunistas de San Petersburgo piden el título de Héroe de Rusia para Lenin.
J.G. Centeno (Acero Bolchevique): De Homenajes y Efemérides

Cuestión Nacional versus Cuestión Racional

El Presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, ha presentado hace unas horas las dos preguntas que quiere plantear en una consulta el 25 de octubre a los ciudadanos del País Vasco (en puridad, puesto que estamos en España, se debería decir “a los súbditos del País Vasco” pues ciudadano es una figura propia de una república, siendo el súbdito su homólogo en una monarquía).

La primera pregunta dice así: "¿Está Usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia, si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?"

Tras leerla es inevitable la sensación de déjà vu: es una copia casi calcada de la resolución que aprobó en el 2005 el Congreso de los Diputados. En aquella se decía que “(…) si se producen las condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad para poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia (…)”.

La pregunta es puro ejercicio de voluntarismo e intuyo que responde fundamentalmente a la necesidad permanente que tiene el PNV de presentarse ante el mundo como el máximo garante de la “solución dialogada y negociada al conflicto vasco”.

La segunda pregunta, con más miga, es la siguiente: “¿Está Usted de acuerdo en que los partidos vascos, sin exclusiones, inicien un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del Pueblo Vasco, y que dicho acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2010?”

Lo retorcido de la pregunta, su mala redacción y la poca idoneidad para responder a ella con un “sí” o un “no” no es un invento de Ibarretxe: ya los quebeques plantearon en su día la siguiente enrevesada cuestión “¿Está usted de acuerdo con que Quebec debiera acceder a la soberanía tras haber efectuado una propuesta formal a Canadá de una nueva forma de asociación [partnership] económica y política dentro de lo previsto en la ley que se refiere al futuro de Quebec y el acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?”

Era tan compleja la pregunta que para comprender qué significaba ahí la palabra “soberanía” había que acudir a la “Ley de soberanía” aprobado unos meses antes en los que se proclamaba la capacidad de Québec para convertirse “en un país soberano, adquirir el poder exclusivo de aprobar todas sus leyes y establecer sus impuestos y firmar todos sus tratados". Es decir, la independencia.

Cuando la democracia es tan pobre que el papel del ciudadano (aparte del aborregante ejercicio de sancionar cada cuatro años una lista de personas) se limita a poder asentir o negar en una consulta, lo mínimo que se puede pedir a quienes nos plantean las preguntas es que nos den algo a lo que podamos responder.

La pregunta de Ibarretxe es irrespondible y se merecería que, si llega a producirse la consulta, se escrutasen un millón de votos del estilo “éste papel vale por un bollu preñau y una botella de sidra” o “tonto el que lo lea”.

Vayamos por partes al examinar el contenido de la pregunta:

1) Se pretende en ella que, de ganar el sí, “los partidos vascos inicien un proceso de negociación”. Es una retorcida concepción de la democracia aquella que cree que una mayoría de personas pueden obligar a la totalidad de sus representantes a hacer esta o aquella cosa. Si un partido quiere no sentarse a negociar nada con nadie está en su pleno derecho democrático. Decía Rosa Luxemburgo que “la libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente”.

Tampoco en esto ha sido especialmente original Ibarretxe: PP y PSOE llevan desde hace muchos años sustentando un sistema en el cual para poder funcionar como partido político es necesario condenar el terrorismo de ETA.

Para mí la actitud de quienes con su silencio justifican los crímenes de ETA es vomitiva, pero aún así creo que deben tener libertad para guardar silencio. Al igual que defiendo que el PP y el PSOE deben tener el derecho a poder seguir constituidos como partidos políticos pese a sus reiterados silencios ante las masacres del gobierno terrorista de Israel contra la población palestina y su negativa constante a condenar el genocidio que los sionistas están llevando a cabo en el medio oriente.

Para no extenderme en éste punto recomiendo el artículo de Javier Pérez Royo llamado “El derecho de Batasuna a no condenar”.

2) Continua con “…para alcanzar un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del Pueblo Vasco, y que dicho acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2010”. Maldito proceso de negociación será aquel en el que está definido desde el comienzo a qué acuerdo debe llegarse, a saber: a un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del Pueblo Vasco y su posterior sometimiento del mismo a referéndum. Deduzco pues que si gana el “sí” el partido que no se sume al “acuerdo sobre el derecho a decidir” estará incumpliendo el mandato ciudadano.

Pero yendo más allá: si el “derecho a decidir” es realmente un derecho, ¿cómo es posible que se negocie sobre él? Si como parece apuntar Ibarretxe es un derecho conquistado (la pregunta no plantea que la negociación irá encaminada a decidir si existe o no tal derecho a decidir, sino que lo plantea como un derecho realmente existente) habrá que cuestionarse sobre cómo ejecutarlo de la mejor manera.

Desde mi punto de vista la mejor pregunta sobre la cuestión nacional vasca que se podría realizar a la ciudadanía vasca sería aquella que versase directamente sobre la independencia del País Vasco.

Acabo la larga entrada de hoy con cuatro extractos de reflexiones de Lenin que vienen muy al caso:

"Sí, indiscutiblemente debemos luchar contra toda opresión nacional. No, indiscutiblemente no debemos luchar por cualquier desarrollo nacional, por la "cultura nacional" en general". (Lenin. Notas críticas sobre la cuestión nacional.)

"Por eso el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizar nada a ninguna nación ni comprometerse a dar nada a expensas de otra nación". (Lenin. El derecho de las naciones a la autodeterminación)

Para no conculcar el ‘derecho a la autodeterminación’, no debemos ‘votar por la separación’, como supone el perspicaz señor Semkovski, sino votar por que se faculte a la región que desea para que ella misma decida esta cuestión.
El reconocimiento del derecho a la autodeterminación ‘hace al juego’ al ‘más rabioso nacionalismo burgués’, asegura el señor Semkovski. Eso es una puerilidad, pues el reconocimiento de este derecho no excluye en modo alguno que se haga propaganda y agitación contra la separación y se denuncie el nacionalismo burgués. En cambio, lo que sí está fuera de toda duda es que la negación del derecho a la separación ‘hace el juego’ al más rabioso nacionalismo gran ruso de las centurias negras". (Lenin. Problemas de política nacional e internacionalismo proletario)

"¿Contestar ‘sí o no’ en lo que se refiere a la separación de cada nación? Parece una reivindicación sumamente "práctica". Pero, en realidad, es absurda, metafísica en teoría y conducente a subordinar el proletariado a la política de la burguesía en la práctica. La burguesía plantea siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases". (Lenin. El derecho de las naciones a la autodeterminación.)