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Lo del "feliz solsticio" me parece un poco cursi...

Vengo notando que entre algunos no creyentes se extiende la práctica de sustituir las tradicionales felicitaciones o fiestas de tipo religioso por otras de tipo “pagano”. La cosa sería “repaganizar” lo que un día fue pagano pero sobre lo cual que asentó una fiesta religiosa, por ejemplo el solsticio de invierto que fue convertido en Navidad cristiana.

Antes de opinar sobre esto, creo adecuado señalar que me parece genial que cada cual celebre aquello que le haga más feliz, siempre que se haga con el debido respeto a los demás. Si a alguien le hace feliz disfrazarse en Halloween en lugar de en Carnaval, o hacerlo los dos días o ninguno de los dos, o que los regalos se los traiga un Armadillo en lugar de Papa Noel, o éste en lugar de los Reyes Magos, o directamente no regalarse nada en estas fechas ¡me parece genial! Cada cual tiene que buscar su modo de ser feliz en la vida. A veces eso pasa por hacer felices a quienes te rodean, aunque ello suponga celebrar algunas cosas que no siempre son del agrado de uno.

Volviendo al tema: ¿supone algún avance laicista el celebrar, por ejemplo, el solsticio de invierno en lugar de la Navidad? Podríamos pensar que mientras que el solsticio nos es común a todos los humanos, la Navidad sólo lo sería a aquellos que participan de la celebración cristiana. Tal vez abogar por el solsticio tuvo algo de provocador en algún momento y pudo servir como protesta contra el trato preferente que social e institucionalmente goza la Navidad…si algo de provocador tuvo, creo que lo ha perdido.

Personalmente el hacer apología del solsticio de invierno me parece ridículo. Sí, el solsticio supone que el Sol llega a uno de sus trópicos, y en el hemisferio norte las horas de luz empiezan a aumentar, mientras que en el hemisferio sur pasa todo lo contrario. ¿Es más laico rendirle culto a un fenómeno físico que a uno místico? Convertir la ciencia (sea la astronomía, la física o las matemáticas) en algo místico no me parece nada progresista, más bien todo lo contrario. No creo que rendirle culto a la “ley de la gravedad” o a un “fenotipo recesivo” sea un avance con respecto a celebrar el día en el que nació un tipo. Parejos se andan.

Paganizar la Navidad más de lo que ya está paganizada se me antoja complicado. Y el mérito creo que no es del movimiento laicista: el Corte Inglés se nos adelantó. A la sociedad de consumo actual le debemos que la Navidad sea lo que actualmente conocemos: un tiempo donde la gente con suerte goza de unos días de vacaciones, donde quienes tienen la oportunidad se reúnen con sus familias y cenan juntos y si el bolsillo los permite se hacen unos regalos.

Celebrar el solsticio en lugar de la Navidad es cambiar un rebaño de ovejas muy numeroso por otro menos numeroso. Ante dos cosas irracionales (una fiesta basada en el culto a un fenómeno astrológico u otra basada en el nacimiento de un ser con superpoderes -Jesucristo-) me quedo con la que se inspira en el tipo con superpoderes, porque ya de hacer algo irracional mola meterse en la irracionalidad hasta el fondo. Celebrar el solsticio es como disfrazarse en Carnaval a medias. Ya que alguien se disfraza o participa en un culto irracional, creo que es conveniente implicarse bien. Ya puestos a hacer el chorras…

Por cierto, lo que mola de tener un blog es que puedes repetir lo que has dicho hace un año, y casi nadie se acuerda. Tengo una caradura increíble.

Cómo jode no tener ni idea

Hermanas y hermanos, parroquianos todos de esta bitácora, os he congregado aquí este Domingo para invertir los papeles habituales. Sé que acudís a este blog esperando que me desmadre opinando chorradas sobre asuntos políticos variados, y que os suba religiosamente los capítulos de Perdidos. Pero hoy me siento incapaz de dar un sermón sobre el tema que toca: la financiación autonómica.

Mi incapacidad se debe a que no tengo ni pajolera idea del asunto, y no sé si lo que ha perpetrado la Ministra Salgado es una aberración, una gloriosidad, una cosa mediocre o nada de lo anterior.

Os invito pues a que os subáis al ambón y que en los comentarios arrojéis luz sobre este tema. Cogeré vuestros comentarios, los meteré en la batidora cerebral, y con la mezcla resultante compondré una nueva entrada, haciendo como si ésta que hoy leéis jamás hubiera existido (dado que un bloguero no puede admitir no tener ni idea sobre un asunto tan importante).

Tenéis una semana para llevar a cabo la misión de formar mi opinión, que es el tiempo que tardaré en regresar de mi retiro espiritual. Gracias de antemano.

Que el Monstruo Espagueti Volador os ilumine.

Introducción a la Siensia, con Montserrat Nebrera

Hay cosas de los políticos que deberían darnos miedo. Por ejemplo si un político dijera algo así como “he votado contra la Ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo porque me lo ha ordenado un duende verde” habría que sentir escalofríos primero y después intentar que alguien le revise qué tal le anda la chola, porque algo le falla.

Si en vez de “porque me lo ha ordenado un duende verde” fuera “porque me lo ha ordenado la ciencia“, deberíamos proceder con igual pasmo. La ciencia, al igual que los duendes verdes, no da órdenes a nadie. En el caso de los duendes verdes se debe a que éstos no existen, y en el caso de la ciencia se debe a que ésta es en sí misma avalorativa y su misión es obtener conocimiento, no instruir moralmente.

Claro está que la investigación científica debe estar sujeta a principios morales, o que la ciencia puede estar guiada por la moral hacia la obtención de cierto conocimiento que permita satisfacer determinados objetivos que se consideren prioritarios. Pero la ciencia, como los duendes verdes, no ordena a nadie ni ahorrar agua, ni no sobrecalentar el planeta, ni no derramar petróleo sobre las costas gallegas, ni ordena votar contra una Ley.

Son los humanos los que, a la luz de los conocimientos que obtienen con la ciencia (y junto a un montón de factores más –por ejemplo las creencias sociales, las costumbres o los valores que inspiren el modelo de sociedad en el que viven-), deciden si es bueno o malo acabar con el Amazonas o si es conveniente o inconveniente fomentar el transporte público.

Esto que acabo de decir creo que debería ser asumible por cualquier persona con dos dedos de frente. No lo es para Montserrat Nebrera, que intenta basar sus opciones políticas en un supuesto respeto a “las leyes que rigen cada uno de los mecanismos del cosmos”, refiriéndose con ello no a unas leyes morales intangibles que regirían el Universo y que cabrearían a Dios cuando uno no las cumple o algo por el estilo, ¡sino a las leyes físicas! Veamos su estupefaciente intervención en una conferencia (la cual podéis ver aquí):

“No existe el derecho a forzar la naturaleza humana, (…) de hecho la ciencia va avanzando en una idea que acabará por consumar: la naturaleza sub-atómica y la supra-atómica en realidad se rigen por las mismas leyes (…) la mayor parte de los físicos ya empiezan a hablar de que en la última infinitesimal partícula de cada uno de nosotros está Dios, ¡eso es la naturaleza humana! Las mismas leyes rigen cada uno de los mecanismos del cosmos, e ir contra esas leyes naturales es no solamente una aberración sino que jamás puede constituir un derecho (…)”

Haced el esfuerzo de apartar a un lado tonterías manifiestas como esa de que, según Nebrera, la mayor parte de los físicos estarían empezando a creer en algo similar a “La Fuerza” de Star Wars (sólo que en vez de midiclorianos estaría Dios). Dejando un lado la apología Jedi de Nebrera, lo que nos queda es pa’ mear y no echar gota: según Nebrera la naturaleza (lo sub-atómico y lo supra-atómico) se rige por unas leyes mecánicas que no debemos contrariar sopena de cometer una aberración.

Me interesaría saber cómo es posible ir materialmente contra una de esas “leyes mecánicas del cosmos”. Hoy me levanté pecaminoso e intenté violar la ley de la gravedad. Pero claro, no puede. ¿Sabéis porqué? Porque como la ley de la gravedad sí es una ley de la naturaleza, es inviolable. A no ser que consideremos que volar en avión es ir contra la ley de la gravedad.

Las leyes físicas no se pueden violar. Si aborto, practico la eutanasia, prendo fuego al Amazonas, ayuda a cruzar a una anciana la calle o presto sal al vecino de abajo, estaré haciendo cosas buenas o malas, pero no físicas o anti-físicas.

Lo que hacía el Doctor Moreau en la novela de H.G. Wells era horrible, pero no iba contra las leyes de la genética: se servía de ellas para hacer híbridos entre humanos y animales. Lo que violaba Moreau no eran las leyes de la genética, sino las de la ética.

Montserrat Nebrera intenta (mediante el engaño, la mentira, y la argumentación chiripitiflaútica) revestir una teología con el manto de la ciencia. Señalémosla con dedo acusador: ¡qué jeta tienes, Nebrera! (o eso o estás chalada de atar).

[Entradas relacionadas: "Javier Caso, socialismo, ciencia y pseudociencia", "Hacer feliz a Txumari e infeliz a Marvin Harris" y "El Dalai Lama no recurre a la medicina que promueve"]

"Obama el Maligno" 2 – "Obama el Benigno" 1

En este blog había hablado anteriormente sobre Obama en dos ocasiones:

Recientemente le critiqué por intentar vender la política de privilegios sobre el armamento nuclear como algo bueno y racional, cuando en realidad representa una aberración ética que va contra el mínimo grado de sentido común necesario para salvar a la humanidad.

Un mes antes de eso me había cagado en él por persistir en ser el matón de la clase (ahora un matón sonriente) que, a pesar de seguir robándole el bocadillo del recreo a los “nerds” del colegio, aún esperaba que éstos hicieran gestos tendentes a alinearse con sus posiciones.

Podríamos decir que, en lo que respecta a esta bitácora, “Obama el Maligno” iba ganándole 2 - 0 a “Obama el Benigno”, que aún no se había estrenado en el marcador.

Hoy puedo congratularme de que el lado oscuro ve su distancia recortarse gracias al sorprendente y admirable gesto que tuvo el Presidente estadounidense al reconocer a Zelaya como único presidente legítimo de Honduras, desautorizando explícitamente a los golpistas.

Obama se situó en este asunto infinitamente a la izquierda del Grupo PRISA que, como viene siendo habitual cuando se habla de América Latina, representan a la extrema-derecha mediática. Por cierto, impagable su retrato en el Editorial de El País titulado “Crisis en Honduras”, donde presentan al golpe de Estado como una simple “negativa militar a cooperar en la consulta ilegal” (el Monstruo Espagueti Volador me impide por razones morales linkar la web de dicho periódico, por lo que os remito para más información a los blogs de Hugo y JavierM).

Hecha la debida justicia con “Obama el Benigno”, sólo me queda señalar: ¡venga, coño, levanta el bloqueo a Cuba y empatas el partido!

[Entradas relacionadas destacadas: "Las claves para entender qué pasa en Honduras" de Ignacio Escolar, y "El delito imperdonable de preguntar al pueblo" de Pascual Serrano]

Teología de la Pastafarización

El culto al Monstruo de Espagueti Volador es sin duda un fenómeno en auge. Hay una relación directa entre el aumento de creacionistas y fundamentalistas y el acrecentamiento de humanos lúcidos que, en rebelión contra ellos, decidimos pasarnos al pastafarismo.

Por eso creo que el pastafarismo podría necesitar en un futuro próximo una versión socialista, al estilo de la Teología de la Liberación cristiana, para llevar al Flying Spaghetti Monster a la trinchera de los de abajo.

Procedo a adaptar teóricamente los postulados liberacionistas a la doctrina pastafari:

1- Aunque la salvación pastafari puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica de la humanidad…¿no sería mejor que se diera con ella? Así se cumpliría de una forma más mejor el Tercero de los Ocho Condimentos: “sé bueno, ¿vale?”

2- Es posible que el capitalismo sea producto del “Diseño Ininteligente” del Monstruo Espagueti Volador. Como señaló el profeta Bobby Henderson, Su Tallarinesca Santidad, en estado de ebriedad, ha creado muchas cosas que no están bien. Deduzco de tal afirmación que es altamente probable que el capitalismo sea una de esas cosas erróneas. El capitalismo ha sido determinante en la drástica reducción del número de piratas y, por tanto, en el aumento del calentamiento global. Seguro que Su Tallarinesca Santidad estaría contento de que fueras socialista y evolucionista.

3- Si siguen privatizando la sanidad y la educación en todos los lugares, pronto tendremos que gastarnos todos nuestros ahorros en la atención sanitaria más fundamental o en escolarizar a nuestros hijos e hijas. Lucha contra eso, porque de no hacerlo no te quedará dinero ni para la televisión por cable. Y al Monstruo Espagueti Volador le gusta la televisión por cable (“puedo ser un Ser Omnipresente de Carbohidratos Complejos, pero disfruto de las cosas sencillas de la vida”).

4- Es deber de todo pastafari el promulgar el uso del condón y defender la educación sexual obligatoria en los colegios. Eso debe realizarse siempre con el estómago lleno (cumpliendo así el Quinto Condimento: “realmente preferiría que no desafiaras las ideas fanáticas, misóginas, y de odio de otros con el estómago vacío. Come, ¡y luego ve a por esos cabrones!” y el Octavo: “por el amor de Mike ¡usad un preservativo! En serio, es un pedazo de goma. Si no hubiera querido que disfrutarais al hacerlo, habría añadido pinchos o algo así”).

5- Siempre que se cumplan los Ocho Condimentos pastafaris, el culto al Monstruo Espagueti Volador es compatible con el culto a cualquier otra religión (sobre todo con religiones como la del Unicornio Rosa Invisible), con el ateísmo y con el agnosticismo: ¡todos tienen derecho a disfrutar de un Volcán de Cerveza y de Bailarines de Striptease en el Cielo! (aunque esto no supone que te garanticemos que exista ese más allá…lo que te garantizamos es que si has sido bueno y existe, la cerveza no estará rancia y los bailarines de striptease no tendrán enfermedades venéreas).

RAmén.

Algunas laicas tonterías

Vengo notando que entre algunos no creyentes se extiende la práctica de sustituir las tradicionales felicitaciones o fiestas de tipo religioso por otras de tipo “pagano”. La cosa sería “repaganizar” lo que un día fue pagano pero sobre lo cual que asentó una fiesta religiosa, por ejemplo el solsticio de invierto que fue convertido en Navidad cristiana.

Antes de opinar sobre esto, creo adecuado señalar que me parece genial que cada cual celebre aquello que le haga más feliz, siempre que se haga con el debido respeto a los demás. Si a alguien le hace feliz disfrazarse en Halloween en lugar de en Carnaval, o hacerlo los dos días o ninguno de los dos, o que los regalos se los traiga un Armadillo en lugar de Papa Noel, o éste en lugar de los Reyes Magos, o directamente no regalarse nada en estas fechas ¡me parece genial! Cada cual tiene que buscar su modo de ser feliz en la vida. A veces eso pasa por hacer felices a quienes te rodean, aunque ello suponga celebrar algunas cosas que no siempre son del agrado de uno.

Volviendo al tema: ¿supone algún avance laicista el celebrar, por ejemplo, el solsticio de invierno en lugar de la Navidad? Podríamos pensar que mientras que el solsticio nos es común a todos los humanos, la Navidad sólo lo sería a aquellos que participan de la celebración cristiana. Tal vez abogar por el solsticio tuvo algo de provocador en algún momento y pudo servir como protesta contra el trato preferente que social e institucionalmente goza la Navidad…si algo de provocador tuvo, creo que lo ha perdido.

Personalmente el hacer apología del solsticio de invierno me parece ridículo. Sí, el solsticio supone que el Sol llega a uno de sus trópicos, y en el hemisferio norte las horas de luz empiezan a aumentar, mientras que en el hemisferio sur pasa todo lo contrario. ¿Es más laico rendirle culto a un fenómeno físico que a uno místico? Convertir la ciencia (sea la astrología, la física o las matemáticas) en algo místico no me parece nada progresista, más bien todo lo contrario. No creo que rendirle culto a la “ley de la gravedad” o a un “fenotipo recesivo” sea un avance con respecto a celebrar el día en el que nació un tipo. Parejos se andan.

Paganizar la Navidad más de lo que ya está paganizada se me antoja complicado. Y el mérito creo que no es del movimiento laicista: el Corte Inglés se nos adelantó. A la sociedad de consumo actual le debemos que la Navidad sea lo que actualmente conocemos: un tiempo donde la gente con suerte goza de unos días de vacaciones, donde quienes tienen la oportunidad se reúnen con sus familias y cenan juntos y si el bolsillo los permite se hacen unos regalos.

Celebrar el solsticio en lugar de la Navidad es cambiar un rebaño de ovejas muy numeroso por otro menos numeroso. Ante dos cosas irracionales (una fiesta basada en el culto a un fenómeno astrológico u otra basada en el nacimiento de un ser con superpoderes -Jesucristo-) me quedo con la que se inspira en el tipo con superpoderes, porque ya de hacer algo irracional mola meterse en la irracionalidad hasta el fondo. Celebrar el solsticio es como disfrazarse en Carnaval a medias. Ya que alguien se disfraza o participa en un culto irracional, creo que es conveniente implicarse bien. Ya puestos a hacer el chorras…